Mi patria y yo / My motherland and I

Aterrizando en Quito / Landing in Quito

Quito, Ecuador. Hace 12 horas que llegué. Cuando presenté mi pasaporte al oficial de migración, lo revisó, y al devolvérmelo amigablemente me dijo: “Bienvenido a la patria”. Agradecido, me retiré con la frase impregnada en la cabeza.

La patria es una imaginario tan poderoso y omnipresente en la cultura popular latinoamericana. Uso el término popular aquí en una dimensión mediática y de popularidad, no de clase social. “El que no ama su patria, no ama su madre” canta Residente en uno de los temas bandera de Latinoamérica, y aunque la canción es una pieza musical valiosa, el simil es totalmente desubicado: la madre da la vida por sus hijos, pero la “patria” espera que sus hijos den su vida por ella.

“Motherland” sería la palabra equivalente en inglés, y aunque no recuerdo escucharla tanto en conversaciones políticas con mis conocidos en otros idiomas, la palabra en sí también tiene una relación con la ‘madre’.

Qué peligro! La madre, como ideal, es representada en una o varias personas que evidentemente forman nuestra identidad y crean nuestro sentido de ‘ser’. Es una representación tangible, objetiva (aunque la madre como individuo es un sujeto, el ideal en sí, se convierte en una objetivización de ella). Sin embargo, la patria es un imaginario político que al objetivizarlo, ignora la compleja dinámica que representa el ser parte de muchas comunidades y de cómo estas co-existen entre sí. El objetivizar la patria la transforma en el pasaporte, al equipo nacional de fútbol, o en el ejército en una guerra.

Entonces, el oficial de migración no se equivocó pero tampoco estuvo en lo correcto. Cuál es mi patria? Fui hecho en Colombia, nací en Ecuador, pasé la cuarta parte de mi vida en Inglaterra, viajé por algunos países, viví una temporada en México, y por ahora estoy establecido en Alemania. El pasaporte con el que viajo es ecuatoriano; pero mi patria es la gente con quien esté, donde quiera que esté. Si tengo que entender a mi patria como mi bandera, me temo que hago eco de las palabras de Jorge Drexler:

Perdonen que no me aliste
Bajo ninguna bandera
Vale más cualquier quimera
Que un trozo de tela triste

ENGLISH VERSION

Quito, Ecuador. I arrived 12 hours ago. When I presented my passport to the immigration officer, he checked it, and very friendly gave it back to me saying: “Welcome to the patria.” Grateful, I left with the phrase impregnated in my head.

Patria is such a powerful and ubiquitous imaginary in Latin American popular culture. “He who does not love his patria, does not love his mother” sings Residente in one of the flagship songs of Latin America, and although the song is a valuable piece of music, the simile is totally misplaced: the mother gives her life for her children, but the “homeland” expects its children to lay down their lives for it.

“Motherland” is the equivalent word in English, and although I don’t remember hearing it as much in political conversations with my acquaintances in other languages, the word itself also has a relationship to “mother.”

What a danger! The mother, as an ideal, is represented in one or more people who obviously form our identity and create our sense of ‘being’. It is a tangible, objective representation (although the mother as an individual is a subject, the ideal itself becomes an objectification of her). However, the homeland is a political imaginary that, when objectified, ignores the complex dynamics that being part of many communities represents and how they co-exist with each other. Objectifying the homeland transforms it into the passport, the national soccer team, or the army in a war.

So the migration officer was not wrong but he was not right either. What is my patria? I was made in Colombia, born in Ecuador, spent a quarter of my life in England, traveled a few countries, lived in Mexico, and now established in Germany. The passport with which I travel is Ecuadorian; but my patria is the people with whom I am, wherever I am. If I have to understand my patria as my flag, I am afraid that I echo the words of Jorge Drexler:

Sorry that I don’t enlist myself
Under any flag
Any chimera is worth more
Than a sad piece of cloth

Dios y yo / God and I

(English version below)

Jean II Restout, Pentecost, 1732

Quiero empezar esta serie de escritos (“Historias de un yo”) con el aspecto que quizás debería representar lo más trascendental de nuestras vidas: la idea de Dios.

Este lunes, Alemania, junto con otros países católicos y ortodoxos, celebra un día feriado por Pentecostés: la conmemoración de la venida del Espíritu Santo 50 días después de la crucificción de Jesús. Ayer, en la clase de alemán, el profesor nos explicaba el motivo del feriado. Mi profesor es un traductor que trabajó en el Vaticano por mucho tiempo, y le apasiona compartir las tradiciones de la iglesia católica. Un compañero mexicano trataba de explicarle a nuestros compañeros musulmanes, hindúes, y no creyentes, quién era el Espíritu Santo, y el hecho de que el cristianismo es una religión monoteísta, aunque su dios se manifieste en tres personas.

El momento me llevó a mi tercer curso de colegio, donde uno de mis mejores amigos, con quien todavía guardo una sólida amistad, me pedía explicación de la trinidad. Yo tenía 14 años, y como hijo de pastores evangélicos, chico de iglesia desde siempre, y convencido de lo que creía, se lo explicaba sin la más mínima gota de duda. Tal memoria me sacó una sonrisa. Me recordó lo fácil que es caer en un problema de fijación. En español, por una tradición de psicoanálisis, el término fijación consiste en la dependencia emocional, generalmente con connotaciones erótico-sexuales. En inglés es mucho más general, e implica una obsesión con algo. Este es el sentido con el que utilizo esta palabra esta vez.

La fijación se alimenta de una sola manera de ver las cosas que se vuelve voluntariamente alienante y fundamentalista. En mi caso, durante mi adolescencia, mi círculo social solamente consistía en la comunidad eclesial, estudiaba en un colegio cristiano, mis ejemplos de adultos eran líderes de iglesia, leía solo autores cristianos, e inevitablemente tenía una fijación con la idea del Dios cristiano.

Pero dentro de ese mismo círculo, en un momento preciso, entendí que una búsqueda honesta de Dios, implicaba un cuestionamiento profundo de la idea misma. Y es que los creyentes están seguros de que hay un dios porque lo sienten, y la mayoría de no creyentes aseguran lo contrario porque también lo sienten así. Sin embargo, a nuestros sentimientos hay que refutarlos con evidencias que están fuera de las fuentes de nuestra fijación. Y eso implica un proceso mental y emocional muy fuerte y sincero que garantiza resultados incómodos, pero necesarios para encontrar respuestas.

En las iglesias cristianas se escucha constantemente los testimonios de aquellos que ‘nacen de nuevo’ en el evangelio y que de ‘impíos’ se convierten en ‘escogidos’. Bueno, la otra dirección también es posible, y existen quienes dejamos de querer ser ‘escogidos’ para poder forjar nuestros caminos fuera del dogma, del canon, y, vale de paso decir, con responsabilidad propia. La trinidad para mí dejó de ser un tema de explicar como realidad porque entendí que es una ficción humana. Dios, concebido desde una tradición judeo-cristiana, también es una ficción. Este tipo de ficción debe entenderse como una realidad creada por humanos para explicar verdades que todavía no pueden ser comprobadas, y que tal vez nunca lo serán. La ficción es una realidad, pero tiene que ser asumida como tal. Es lo que Zizek llama: truthful fictions (ficciones verdaderas).  

No fue fácil, tomó años de observación y resiliencia. Este viaje me llevó a considerar mi identidad en el asunto como un ateo “nacido de nuevo”. Y cuento esto no porque quiero convencer a nadie de que cuestione su fijación, o que mi camino es el correcto a seguir, para nada. Ya estuve en ese lado, y nunca me pareció eficiente decirle a alguien lo que tiene que hacer. Cada uno cambia lo que considera que debe cambiar, solo el ejemplo de otros puede servir de inspiración. Ese ejemplo es el que quiero dar porque en el camino he conocido personas que fueron creyentes como yo, involucrados totalmente en la iglesia, y que al cuestionar sus creencias, simplemente callaron sus dudas por temor a ser criticados o rechazados por sus propias familias. Y esto en el contexto de cualquier religión, e incluso en círculos ateos. Espero que si alguien está en esa posición, pueda encontrar algo de soporte en estas palabras.

Quiero dejar muy en claro que vivo muy agradecido con mis padres, mi familia extendida, y las personas que conocí durante esos preciosos años de infancia y adolescencia. No cambiaría absolutamente nada. Agradecido con aquellos que aún en las diferencias, seguimos creciendo en amistad y en amor. Y es en ese mismo amor, que nos mostramos tal y como somos. 

ENGLISH VERSION:

I want to begin this series of entries (“Historias de un yo”) with the aspect that perhaps should represent the most transcendental thing in our lives: the idea of ​​God.

On Monday, Germany, along with other Catholic and Orthodox countries, will celebrate a holiday for Pentecost: the commemoration of the coming of the Holy Spirit 50 days after the crucifixion of Jesus. Yesterday, in my German class, the teacher explained to us the reason for the holiday. My teacher is a translator who worked in the Vatican for a long time, and he is passionate about sharing the traditions of the Catholic Church. A Mexican colleague was trying to explain to our fellow Muslims, Hindus, and non-believers who the Holy Spirit was, and the fact that Christianity is a monotheistic religion, although its god manifests in three persons.

The moment took me back to my third year of high school, where one of my best friends, with whom I still have a solid friendship, asked me for an explanation of the trinity. I was 14 years old, and as the son of evangelical pastors, a passionate church boy, and convinced of my beliefs, I explained it to him without the slightest hint of doubt. Such a memory made me smile. It reminded me how easy it is to slip into a fixation problem.

Fixations are fed by a single way of looking at things that becomes voluntarily alienating and fundamentalist. In my case, during my adolescence, my social circle consisted of only the church community, I studied in a Christian school, my adult examples were church leaders, I read only Christian authors, and inevitably I had a fixation with the idea of God, the Christian one.

Within that same circle, my questioning began when I understood that an honest search for God implies a deeper questioning of the idea itself. And in the same way that believers are sure that God exists because they feel it, non-believers are sure of the opposite because they also feel it. However, our feelings must be refuted with evidence that is outside the sources of our fixation. And that implies a very strong and sincere mental and emotional process that guarantees uncomfortable results, but necessary to find answers.

In Christian churches, the testimonies of those who are “born again” in the Gospel and who from “impious” become “chosen” are constantly heard. Well, the other direction is also possible, and there are those of us who stopped wanting to be ‘chosen’ to be able to forge our paths outside the dogma, the canon, and, it is worth saying, with our own responsibility. The trinity for me stopped being a matter to explain as reality because I understood that it is a human fiction. God, conceived from a Judeo-Christian tradition, is also a fiction. This type of fiction needs to be understood as a reality created by humans to explain truths that cannot yet be verified, and that perhaps never will be. Fiction is a reality, but it still has to be assumed as such. It is what Zizek calls a “truthful fiction”.

It wasn’t easy, it took years of observation and resilience. This journey led me to consider my identity in the matter as a “born again” atheist. And I’m telling this not because I want to convince anyone to question their own fixations, or that my path is the right one to follow, at all. I’ve been on that side before, and it never seemed efficient to tell someone what to do. Everyone changes whatever he or she considers should change, only the example of others can serve as inspiration. That example is the one I want to give because along the way I have met people who were believers like me, totally involved in the church, and when they questioned their beliefs, they simply silenced their doubts for fear of being criticised or rejected by their own families. And this happens in the context of any religion, and even in atheism. I hope that if someone is in that position, they can find some support in these words.

I want to make it very clear that I am very grateful to my parents, my extended family, and the people who I met during those precious years of childhood and adolescence. I wouldn’t change anything at all. I’m grateful to those who, even in difference, continue to grow in friendship and love. And it is in that same love that we show ourselves as we are.

Serie: Historias de un yo

Han pasado dos semanas ya desde la última vez que publiqué algo aquí. Si bien el acto de escribir es liberador, también puede ser catapultante. Hay tanto que quiero decir y sin embargo hay tantos filtros mentales que dilatan el coraje de hacerlo. Por qué? Porque escribir desde lo personal es coquetear con la vulnerabilidad y, a la misma vez, con la idea de sentirse en el derecho de. Y es precisamente ahí, donde las palabras, las perras negras como las llamó Cortázar, tienen la capacidad de morder sin piedad alguna.

Durante este breve silencio, terminé mi tesis doctoral. Aunque todavía falta la etapa de revisión y evaluación por parte de mis supervisores, siento que un gran rompecabezas ha tomado forma, por lo menos, temporalmente. Y ese sentimiento es bastante acogedor. Y aquí, en una visita de fin de semana, con esta vista de Berlin (foto), sé que empieza otro rompecabezas.

Al igual que con todos, el rompecabezas mayor no se da por terminado sino hasta el momento de morir. Lo más bello de todo es que no hay portada de caja a seguir, sino que es al final donde el cuadro final mostrará algo que otros verán, menos uno mismo. Y es de algunos de mis rompecabezas de los que quiero hablar en mis siguientes publicaciones. Lo hago siguiendo parte de mi filosofía de vida que cree que ser un libro abierto permite crear mayores conexiones identificando que tenemos mucho más en común de lo que imaginamos, independientemente de dónde venimos. Agradezco su confianza y lectura. Que tengan una buena semana.

ENGLISH VERSION:

It’s been two weeks since I last posted something here. While the act of writing is liberating, it can also be catapulting. There is so much I want to say and yet there are so many mental filters that delay the courage to do so. Why? Because writing from the personal is flirting with vulnerability and, at the same time, with the idea of feeling entitled to. And it is precisely there, where words, the “black bitches” as Cortázar called them, have the ability to bite others and the writers themselves, without any mercy.

During this brief silence, I finished my doctoral thesis. Although the review and evaluation stage by my supervisors is still missing, I feel like a big puzzle has taken shape, at least temporarily. And that feeling is quite cozy. And here, on a weekend visit, with this view of Berlin (photo), I know that another puzzle begins.

As with all, the bigger puzzle is not finished until the moment of death. The most beautiful thing of all is that there is no box cover to follow, but it is at the end where the final painting will show something that others will see, except yourself. And it’s about some of my puzzles that I want to talk about in my next posts. I do it following part of my motto of life that believes that being an open book allows us to create greater connections by identifying that we have much more in common than we imagine, regardless of where we come from. I appreciate your trust and reading. Have a good week.

De músicos y cangrejos / Of musicians and crabs

Un discurso (singular) es un sustantivo abstracto que describe actos y procesos semióticos, mientras que discursos (plural) es un sustantivo concreto que se refiere a formas específicas de representar el mundo. Estos discursos representan una especie de conocimiento o “guión” sobre lo que sucede en una práctica social particular, ideas sobre por qué es así, quiénes están involucrados y qué tipo de valores tienen.

Con la curiosidad de encontrar posibles discursos que se manejan dentro de la comunidad de  músicos intérpretes en el Ecuador, revisé las publicaciones en redes sociales que artistas, considerados líderes de la escena musical en el Ecuador, realizaron en los últimos seis meses. Estas son publicaciones hechas desde sus cuentas personales y como mensajes personales, no son de alguien más que escribe por o para ellos. Los resultados son curiosos, a veces contradictorios, a veces no son de sorprender; sin embargo, hay un elemento del discurso que me llama la atención y que considero vale la pena mencionarlo con la esperanza de abrir un diálogo al respecto. 

La gran mayoría de ellas y ellos, hacen evidente el hecho de que se encuentran rodeados por personas envidiosas, o mal intencionadas de alguna manera. Sus palabras no llevan una realización existencial sino un clamor contra una constante amenaza a su éxito o carrera musical.  Este sentir es a veces confrontativo, otras veces es a manera de oración para ser protegidos. Este elemento, que se presenta de manera palpable, consciente o inconscientemente, como hilo conductor de su narrativa, es un clamor en contra de la envidia que provoca su actividad musical.

Y me nacen preguntas: ¿es aquella una vulnerabilidad genuina o es un reflejo de lo que otros músicos han dicho? ¿Será que tal vulnerabilidad es una estrategia que busca empatía de su audiencia o una estrategia para exagerar la atención que el o la artista siente que debe tener? ¿Es tal temor válido de enfatizar como discurso oficial o mejor asumirlo como una realidad inherente?

Cuando pienso en esto, se me viene la historia de la mentalidad del cangrejo que es muy famosa en el medio ecuatoriano. La historia es una analogía que se refiere al comportamiento que tienen los cangrejos en una cubeta, individualmente pueden escapar con facilidad, pero en su lugar, se sabotean agarrándose entre ellos en una competencia inútil para que ninguno pueda escapar, y así, todos mueren. Siento que, aunque se aplica a toda la sociedad, los discursos de los músicos en el Ecuador presentan un temor constante que asume que otros músicos intentarán negar o disminuir el éxito del otro, tal como los cangrejos. Esta manera de pensar influye en la manera de actuar. Y el colectivo en lugar de ser un colectivo, resulta en número grande de individuos atomizados, y la música en lugar de ser propositiva, termina siendo defensiva, lo cual le quita un gran potencial a la labor artística del país. ¿Es en serio que nos comportamos como cangrejos en la cubeta? ¿Cómo cambiamos eso? 

ENGLISH VERSION

A discourse (singular) is an abstract noun that describes semiotic acts and processes, while discourses (plural) is a concrete noun that refers to specific ways of representing the world. These discourses represent a kind of knowledge or “script” about what happens in a particular social practice, ideas about why this is so, who is involved and what kind of values ​​they have.

With the curiosity to find possible discourses projected from the community of music performers in Ecuador, I reviewed the social media posts that artists, considered leaders of the music scene in Ecuador, made in the last six months. These are posts made from their personal accounts and as personal messages, they are not from someone else writing for them. The results are curious, sometimes contradictory, sometimes they are not surprising; however, there is an element of the speech that strikes me and that I think is worth mentioning in the hope of opening a dialogue about it.

The vast majority of them make evident the fact that they are surrounded by envious, or ill-intentioned people in some way. Their words do not carry an existential realisation but a cry against a constant threat to their success or musical career. This feeling is sometimes confrontational, other times it is in the manner of a prayer to be protected. This element, which is presented in a palpable way, consciously or unconsciously, as the guiding thread of his narrative, is a cry against the envy that their music provokes.

And questions arise: is that a genuine vulnerability or is it a reflection of what other musicians have said? Could it be that such vulnerability is a strategy that seeks empathy from the audience or a strategy to exaggerate the attention that the artist feels they should have? Is such a fear valid to be emphasised as official discourse or is it better to assume it as an inherent reality?

When I think more about it, I think about that infamous story of the mentality of the crab. The story is an analogy that refers to the behaviour that crabs have in a bucket, individually they can easily escape, but instead, they sabotage each other by clinging to each other in useless competition so that none can escape, and thus, they all die. I feel that, although it applies to the whole of society, the discourses of musicians in Ecuador present a constant fear that assumes that other musicians will try to deny or diminish the success of the other, just like crabs. This way of thinking influences the way we act. And the collective, instead of being a collective, results in a large number of atomised individuals, and the music, instead of being purposeful, ends up being defensive; which takes away a great potential to the artistic work of the country. Is it true that we behave like crabs? How do we change that?

Me quedo

Hace tres días, gritó que me quería 
Hace dos, como empezó, me dijo adiós
Ayer, soñé que regresaría
Hoy, ya no encuentro su voz.
Decidió escapar, aunque la detuve
Dirá que fui yo quien no supo insistir
Decidió saltar, cuando la sostuve
Dirá que fui yo quien la dejó ir.
Mas si tocara de nuevo mi puerta
la abrazaría con fuerza, sin miedo
Porque de este amor, una cosa es cierta
Aunque ella decida marcharse, yo, me quedo.

7 Must-See Ecuadorian Music Acts

Every week I have been sharing a song under the hashtag Song of the Week, this week I am doing something slightly different.

Thanks to the type of work I do, I have been lucky enough to work closely with talented people in the music scene. Their craft covers a range of musical activities from songwriting, production, and performing, to other just as important ones such as visual concepts, graphic design, stage planning, business and promotion, among others. In Ecuador, my home country, I had the honour of being one of their teachers/colleagues of some of them, and today, I want to share seven of those projects which have produced music that I love. Here they are, in alphabetic order. Enjoy.

Cementerio de Elefantes

EVHA

Funky Junkies

Mateo Kingman

Mauro Samaniego

Papaya Dada

3Vol

Normal vs. Common / Normal vs. Común

(Versión en Español – abajo)

In the middle of a reading, I look out the window of the train and observe how the fields begin to get dressed by spring. I haven’t taken a train in a long time, but a mandatory visit to the university library was the perfect reason to do it in times of social distancing. Situation that many refer to as “the new normal”.

In a recent conversation with a good friend of mine, we reflected on two terms that we use in our daily talk as if they were synonyms, when in reality they imply a great difference: the ‘normal’ and the ‘common’. My father had already told me some years ago, and although he applied it from his theological framework, it is a very necessary distinction to make in all our tasks.

In the animal world, they may be applied as synonyms. What animals do commonly is ‘their normal’ because they do it instinctively, therefore, their existence depends on it. However, this is not entirely applicable with humans. Our capacity for abstract thinking has led us to neutralize our instincts in very productive as well as dangerous ways. Thus, we are full of common practices that are not normal, some as trivial as: chewing gum, beauty contests, fireworks in New Years Eve, social networks, TV reality shows; and others not so trivial as: consuming plastic, eating meat every day, luxuries, drugs for recreation, fights between soccer fans, official religions, and even marriage. Now, social distancing wants to fall into the category of normal.

I refuse to accept it. It is obviously required during these difficult times but it cannot become the ‘new normal’. The normal has to be understood in terms of sustainability, the common in terms of acceptability. We each negotiate the attitudes, habits, and practices that we adopt as our way of life, but the distinction has to be established, recognized, and assumed. The common, but not normal, can bring dire consequences for everyone, we can see it in this pandemic, and in the climate emergency that we are experiencing. I believe that if we distinguish better these two terms, as a self-reflection of our daily actions, we will be more confident to change what is common but not normal, as a process of “ungetting” used to it. In the end, the essence of the normal is its ability to reinvent the common.

VERSIÓN EN ESPAÑOL

En medio de una lectura, miro por la ventana del tren y observo cómo los campos se empiezan a vestir de primavera. Hace mucho que no tomaba un tren, pero una obligada visita a la biblioteca de la universidad fue la perfecta razón para hacerlo en momentos de distanciamiento social. Situación a la que muchos se refieren como “la nueva normalidad”.

En una reciente conversación con un buen amigo mío, reflexionamos en dos términos que en nuestro diario hablar los utilizamos como si fueran sinónimos, cuando en realidad implican una gran diferencia: lo ‘normal’ y lo ‘común’. Ya mi padre me lo había dicho hace algunos años, y aunque él lo aplicaba desde su marco teológico, es una distinción muy necesaria de realizar en todos nuestros quehaceres.

Y es que en el mundo animal, puede que se apliquen como sinónimos. Lo que los animales hacen en común, es lo normal porque lo hacen instintivamente, por lo tanto, su existencia depende de ello. Sin embargo, esto no sucede con los humanos. Nuestra capacidad de pensamiento abstracto nos ha llevado a neutralizar nuestro instinto de maneras muy productivas como también muy peligrosas. Así, estamos llenos de prácticas comunes que no son normales, algunas tan triviales como: mascar chicle, concursos de belleza, juegos pirotécnicos en Año Viejo, redes sociales, TV reality shows; y otras no tan triviales como: consumir plástico, comer carne todos los días, lujos, drogas por recreación, peleas entre barras de fútbol, religiones oficiales, e incluso el matrimonio. Ahora: distanciamiento social quiere entrar en la categoría de lo normal.

Yo me rehúso a aceptarlo. Es obviamente necesario durante estos tiempos difíciles pero no puede convertirse en lo ‘normal’. Lo normal tiene que ser entendido en términos de sostenibilidad, lo común en términos de aceptabilidad. Cada uno negociamos las actitudes, costumbres, y prácticas que adoptamos como nuestro estilo de vida, pero la distinción tiene que ser establecida, reconocida, y asumida. Lo común, y no normal, puede traer consecuencias funestas para todos, lo podemos ver en esta pandemia, y en la emergencia climática que vivimos. Creo que si distinguimos mejor estos dos términos, como una auto-reflexión de nuestros actos diariamente, estaremos más seguros de cambiar lo que es común pero no es normal, como un proceso de desacostumbramiento. Al final, la esencia de lo normal es su capacidad de reinventar lo común.

De cumpleaños y noventañeras / Birthday and nineties

Elba Arredondo, la abuela, Febrero 2020.

(English version below)

Hoy es mi cumpleaños. Ha sido un día con un clima que representa toda una vida: soleado, nublado, mucho viento, lluvia, nieve, soleado nuevamente, y el ciclo se repite. Dentro de ese ciclo, parecería haber un momento en que nuestra normalizada percepción de la ‘juventud’ hace que las ganas de cumplir más años se vayan disipando. Como si en lugar de celebrar, uno debería lamentarse por cumplir años. La mayoría de nuestros discursos sociales y mediáticos con respecto a la belleza, la fuerza, la pasión, entre otros, dan la idea de que son sinónimos exclusivos de juventud, y que esta se limita a cierta edad que cada vez es más reducida, y más temprana. Podría extenderme en el tema, pero solo quiero llevar con estas palabras a abrazar cada cumpleaños como una oportunidad para reflexionar en el año que acaba de pasar, y en el que viene; sin pensar en los dos parámetros de joven o viejo, sino del paisaje recorrido. Algo así como un hábito en un ‘año viejo’ personalizado e individualizado que apunta a las experiencias vividas, y no a adjetivos contrarios.

A mí me encanta cumplir años. Me siento afortunado de las personas que me rodean como también de los familiares y amistades alrededor del planeta, de quienes, en mi cumpleaños, me suelo enterar más que en un día promedio. Una de las conversaciones que aprecio tener es con mi abuela. La única que me queda viva, y que a sus 92 años, sus deseos de feliz cumpleaños siempre vienen acompañados con un “los años nunca pasan en vano, y te van sacando factura con intereses, así que vívalos bien”. Claro, ella tiene sus propias ideas de qué significa vivirlos bien, y yo tengo otras que no necesariamente son las mismas. El punto no está en seguir lo que a ella le parece bien, sino en la sugerencia misma. Hay juventud que ya paga intereses, como también hay vejez que sigue acumulando nuevos. El cuándo es irrelevante, lo que importa es el qué y el cómo. Al pensar en lo que significaron mis abuelos en general, siempre vuelvo a la misma idea: el inicio de mi propia existencia. Si no hubiera sido por ellos, mis padres no hubieran existido; por lo tanto, yo tampoco.

Hoy, al hablar con mi abuela, le dije “todo esto es tu culpa”, y no paraba de reírse. Mi abuela, como toda persona a su edad, ha pagado muchos intereses, sigue pagando algunos, y me imagino que sigue adquiriendo algunos nuevos; pero cuando ella ríe, hace que espere con ganas cada cumpleaños para llegar a su edad y reírme igual! Todas las palabras incómodas que a veces me dice, o cuando me confunde de nombre con el de otro nieto, o cuando me regaña tanto por no creer lo que ella cree, nada de eso me importa cuando ella ríe. Solo importa que sigue ahí. Sé que no la tendré por mucho tiempo más, y me entristece estar tan lejos. Por eso, espero seguir haciéndola reír mientras pueda, seguro que entiende que esa es mi forma de agradecerle por mi propia existencia. Sé que ella no me leerá esto, pero le dije que escribiría de ella y le pedí permiso para publicar su foto, no por sentimentalismos de cumpleaños, pero porque quería contarles de ella ahora que todavía la tengo y compartir mi convicción de que al igual que amamos y apreciamos nuestros niños, debemos amar y apreciar nuestros viejos. Al final, el ciclo se repite. Empezó a nevar… otra vez.


ENGLISH VERSION

Today is my birthday. It has been a day full of weather that could represent a lifetime: sunny, cloudy, windy, rainy, snowy, sunny again, and repeat. Within that cycle, there seems to be a time when our normalised perception of ‘youth’ causes our desire of having birthdays to dissipate. As if instead of celebrating them, one should regret them. Most of our social and media discourses regarding beauty, strength, passion, among others, give the idea that they are exclusive synonyms of youth, and that this is limited to a certain age that is increasingly reduced, and earlier. I could expand on the subject, but with these words, I just want to call on the need of embracing each birthday as an opportunity to reflect on the year that has just passed, and the one to come; without thinking of the two parameters of young or old, but of the landscape that has passed by. Something like a ‘New Year’s tradition’ in a personalised and individualised manner that points to lived experiences, and not to contrary adjectives.

I love to have birthdays. I feel lucky to have the people around me as well as the people from family and friends around the planet, about whom, on my birthday, I usually find out more than on an average day. One of the conversations that I appreciate having is with my grandmother. The only grandparent that is still alive, and who at 92 years of age, her ‘happy birthday’ wishes are always accompanied by “the years never go by in vain, and they always charge you a bill with interest, so live them well.” Of course, she has her own ideas of what it means to ‘live them well’, and I have my own ones that are not necessarily the same. The point is not in following what seems right to her, but in her own suggestion itself. The young can already have bills, and the old can continue to add new ones. The when is irrelevant, what matters is the what and the how. When thinking about what my grandparents mean in general, I always come back to the same idea: the beginning of my own existence. If it hadn’t been for them, my parents wouldn’t have existed; therefore, neither would I.

Today, when talking to my grandmother, I told her “this is all your fault”, and she couldn’t stop laughing. My grandmother, like everyone at her age, has paid a lot of bills, continues to pay some, and I guess she is still acquiring some new ones; but when she laughs, she makes me look forward to every birthday to get to her age and laugh just the same! All the awkward words she sometimes says to me, or when she mistakes my name for another grandchild, or when she scolds me so much for not believing what she believes, none of that matters to me when she laughs. It only matters that she is still there. I know I won’t have her for much longer, and it saddens me to be so far away from her. I hope to continue making her laugh while I can, surely she understands that this is my way of thanking her for my own existence. I know she won’t read this, but I told her I would write about her and asked her authorisation to publish this picture, not because of birthday sentimentality, but because I wanted to tell you about her now that she is still alive and share my conviction that just as much as we love and appreciate our children, we must love and appreciate our elderly. In the end, the cycle repeats itself. It started snowing… again.

Ya No Quiero Ser Macho

Oreja Peluda es un podcast producido por mi hermano Daniel. Su propósito es repensar las masculinidades y su proceso de transformación en medio de una sociedad marcada por la violencia machista. Me parece un proyecto estupendo, relevante y necesario. Quiero compartirlo con ustedes aquí. Debo aclarar que todas las opiniones vertidas en el mismo son exclusivamente de él y su equipo de producción. Yo tengo mis propias posturas, en muchas estamos de acuerdo, en otras no. Estoy seguro que en algún momento escribiré al respecto. Por ahora, su primera temporada ha empezado. Escuchémoslo.

Nos Vemos En Las Urnas Oreja Peluda

En este episodio, exploramos la relación entre la masculinidad hegemónica y la práctica política en la región. Hablamos de por qué los perfiles políticos se apegan a prácticas machistas, cómo nos afecta y por qué debería importar a toda la ciudadanía. Discutimos algunos ejemplos actuales y abordamos la necesidad de tener nuevos perfiles políticos. Paradigmas coloniales adoptados en nuestra sociedad actual, representatividad y paridad política, la búsqueda de nuevos perfiles políticos, responsabilidad ciudadana; son algunos de los conceptos que abordamos el día de hoy.Si deseas conocer más acerca de estos temas y de los espacios mencionados en este episodio, te dejamos algunos  links:Artículo de "The Guardian"Datos de estadística de la CEPALArtículo académico "Talk like a man"Comparte tus opiniones y comentarios en nuestras redes sociales o escribiendo a orejapeludapodcast@gmail.com
  1. Nos Vemos En Las Urnas
  2. Traidores Del Patriarcado
  3. Ya No Quiero Ser Macho
  4. Trailer