Mi patria y yo / My motherland and I

Aterrizando en Quito / Landing in Quito

Quito, Ecuador. Hace 12 horas que llegué. Cuando presenté mi pasaporte al oficial de migración, lo revisó, y al devolvérmelo amigablemente me dijo: “Bienvenido a la patria”. Agradecido, me retiré con la frase impregnada en la cabeza.

La patria es una imaginario tan poderoso y omnipresente en la cultura popular latinoamericana. Uso el término popular aquí en una dimensión mediática y de popularidad, no de clase social. “El que no ama su patria, no ama su madre” canta Residente en uno de los temas bandera de Latinoamérica, y aunque la canción es una pieza musical valiosa, el simil es totalmente desubicado: la madre da la vida por sus hijos, pero la “patria” espera que sus hijos den su vida por ella.

“Motherland” sería la palabra equivalente en inglés, y aunque no recuerdo escucharla tanto en conversaciones políticas con mis conocidos en otros idiomas, la palabra en sí también tiene una relación con la ‘madre’.

Qué peligro! La madre, como ideal, es representada en una o varias personas que evidentemente forman nuestra identidad y crean nuestro sentido de ‘ser’. Es una representación tangible, objetiva (aunque la madre como individuo es un sujeto, el ideal en sí, se convierte en una objetivización de ella). Sin embargo, la patria es un imaginario político que al objetivizarlo, ignora la compleja dinámica que representa el ser parte de muchas comunidades y de cómo estas co-existen entre sí. El objetivizar la patria la transforma en el pasaporte, al equipo nacional de fútbol, o en el ejército en una guerra.

Entonces, el oficial de migración no se equivocó pero tampoco estuvo en lo correcto. Cuál es mi patria? Fui hecho en Colombia, nací en Ecuador, pasé la cuarta parte de mi vida en Inglaterra, viajé por algunos países, viví una temporada en México, y por ahora estoy establecido en Alemania. El pasaporte con el que viajo es ecuatoriano; pero mi patria es la gente con quien esté, donde quiera que esté. Si tengo que entender a mi patria como mi bandera, me temo que hago eco de las palabras de Jorge Drexler:

Perdonen que no me aliste
Bajo ninguna bandera
Vale más cualquier quimera
Que un trozo de tela triste

ENGLISH VERSION

Quito, Ecuador. I arrived 12 hours ago. When I presented my passport to the immigration officer, he checked it, and very friendly gave it back to me saying: “Welcome to the patria.” Grateful, I left with the phrase impregnated in my head.

Patria is such a powerful and ubiquitous imaginary in Latin American popular culture. “He who does not love his patria, does not love his mother” sings Residente in one of the flagship songs of Latin America, and although the song is a valuable piece of music, the simile is totally misplaced: the mother gives her life for her children, but the “homeland” expects its children to lay down their lives for it.

“Motherland” is the equivalent word in English, and although I don’t remember hearing it as much in political conversations with my acquaintances in other languages, the word itself also has a relationship to “mother.”

What a danger! The mother, as an ideal, is represented in one or more people who obviously form our identity and create our sense of ‘being’. It is a tangible, objective representation (although the mother as an individual is a subject, the ideal itself becomes an objectification of her). However, the homeland is a political imaginary that, when objectified, ignores the complex dynamics that being part of many communities represents and how they co-exist with each other. Objectifying the homeland transforms it into the passport, the national soccer team, or the army in a war.

So the migration officer was not wrong but he was not right either. What is my patria? I was made in Colombia, born in Ecuador, spent a quarter of my life in England, traveled a few countries, lived in Mexico, and now established in Germany. The passport with which I travel is Ecuadorian; but my patria is the people with whom I am, wherever I am. If I have to understand my patria as my flag, I am afraid that I echo the words of Jorge Drexler:

Sorry that I don’t enlist myself
Under any flag
Any chimera is worth more
Than a sad piece of cloth