Dios y yo / God and I

(English version below)

Jean II Restout, Pentecost, 1732

Quiero empezar esta serie de escritos (“Historias de un yo”) con el aspecto que quizás debería representar lo más trascendental de nuestras vidas: la idea de Dios.

Este lunes, Alemania, junto con otros países católicos y ortodoxos, celebra un día feriado por Pentecostés: la conmemoración de la venida del Espíritu Santo 50 días después de la crucificción de Jesús. Ayer, en la clase de alemán, el profesor nos explicaba el motivo del feriado. Mi profesor es un traductor que trabajó en el Vaticano por mucho tiempo, y le apasiona compartir las tradiciones de la iglesia católica. Un compañero mexicano trataba de explicarle a nuestros compañeros musulmanes, hindúes, y no creyentes, quién era el Espíritu Santo, y el hecho de que el cristianismo es una religión monoteísta, aunque su dios se manifieste en tres personas.

El momento me llevó a mi tercer curso de colegio, donde uno de mis mejores amigos, con quien todavía guardo una sólida amistad, me pedía explicación de la trinidad. Yo tenía 14 años, y como hijo de pastores evangélicos, chico de iglesia desde siempre, y convencido de lo que creía, se lo explicaba sin la más mínima gota de duda. Tal memoria me sacó una sonrisa. Me recordó lo fácil que es caer en un problema de fijación. En español, por una tradición de psicoanálisis, el término fijación consiste en la dependencia emocional, generalmente con connotaciones erótico-sexuales. En inglés es mucho más general, e implica una obsesión con algo. Este es el sentido con el que utilizo esta palabra esta vez.

La fijación se alimenta de una sola manera de ver las cosas que se vuelve voluntariamente alienante y fundamentalista. En mi caso, durante mi adolescencia, mi círculo social solamente consistía en la comunidad eclesial, estudiaba en un colegio cristiano, mis ejemplos de adultos eran líderes de iglesia, leía solo autores cristianos, e inevitablemente tenía una fijación con la idea del Dios cristiano.

Pero dentro de ese mismo círculo, en un momento preciso, entendí que una búsqueda honesta de Dios, implicaba un cuestionamiento profundo de la idea misma. Y es que los creyentes están seguros de que hay un dios porque lo sienten, y la mayoría de no creyentes aseguran lo contrario porque también lo sienten así. Sin embargo, a nuestros sentimientos hay que refutarlos con evidencias que están fuera de las fuentes de nuestra fijación. Y eso implica un proceso mental y emocional muy fuerte y sincero que garantiza resultados incómodos, pero necesarios para encontrar respuestas.

En las iglesias cristianas se escucha constantemente los testimonios de aquellos que ‘nacen de nuevo’ en el evangelio y que de ‘impíos’ se convierten en ‘escogidos’. Bueno, la otra dirección también es posible, y existen quienes dejamos de querer ser ‘escogidos’ para poder forjar nuestros caminos fuera del dogma, del canon, y, vale de paso decir, con responsabilidad propia. La trinidad para mí dejó de ser un tema de explicar como realidad porque entendí que es una ficción humana. Dios, concebido desde una tradición judeo-cristiana, también es una ficción. Este tipo de ficción debe entenderse como una realidad creada por humanos para explicar verdades que todavía no pueden ser comprobadas, y que tal vez nunca lo serán. La ficción es una realidad, pero tiene que ser asumida como tal. Es lo que Zizek llama: truthful fictions (ficciones verdaderas).  

No fue fácil, tomó años de observación y resiliencia. Este viaje me llevó a considerar mi identidad en el asunto como un ateo “nacido de nuevo”. Y cuento esto no porque quiero convencer a nadie de que cuestione su fijación, o que mi camino es el correcto a seguir, para nada. Ya estuve en ese lado, y nunca me pareció eficiente decirle a alguien lo que tiene que hacer. Cada uno cambia lo que considera que debe cambiar, solo el ejemplo de otros puede servir de inspiración. Ese ejemplo es el que quiero dar porque en el camino he conocido personas que fueron creyentes como yo, involucrados totalmente en la iglesia, y que al cuestionar sus creencias, simplemente callaron sus dudas por temor a ser criticados o rechazados por sus propias familias. Y esto en el contexto de cualquier religión, e incluso en círculos ateos. Espero que si alguien está en esa posición, pueda encontrar algo de soporte en estas palabras.

Quiero dejar muy en claro que vivo muy agradecido con mis padres, mi familia extendida, y las personas que conocí durante esos preciosos años de infancia y adolescencia. No cambiaría absolutamente nada. Agradecido con aquellos que aún en las diferencias, seguimos creciendo en amistad y en amor. Y es en ese mismo amor, que nos mostramos tal y como somos. 

ENGLISH VERSION:

I want to begin this series of entries (“Historias de un yo”) with the aspect that perhaps should represent the most transcendental thing in our lives: the idea of ​​God.

On Monday, Germany, along with other Catholic and Orthodox countries, will celebrate a holiday for Pentecost: the commemoration of the coming of the Holy Spirit 50 days after the crucifixion of Jesus. Yesterday, in my German class, the teacher explained to us the reason for the holiday. My teacher is a translator who worked in the Vatican for a long time, and he is passionate about sharing the traditions of the Catholic Church. A Mexican colleague was trying to explain to our fellow Muslims, Hindus, and non-believers who the Holy Spirit was, and the fact that Christianity is a monotheistic religion, although its god manifests in three persons.

The moment took me back to my third year of high school, where one of my best friends, with whom I still have a solid friendship, asked me for an explanation of the trinity. I was 14 years old, and as the son of evangelical pastors, a passionate church boy, and convinced of my beliefs, I explained it to him without the slightest hint of doubt. Such a memory made me smile. It reminded me how easy it is to slip into a fixation problem.

Fixations are fed by a single way of looking at things that becomes voluntarily alienating and fundamentalist. In my case, during my adolescence, my social circle consisted of only the church community, I studied in a Christian school, my adult examples were church leaders, I read only Christian authors, and inevitably I had a fixation with the idea of God, the Christian one.

Within that same circle, my questioning began when I understood that an honest search for God implies a deeper questioning of the idea itself. And in the same way that believers are sure that God exists because they feel it, non-believers are sure of the opposite because they also feel it. However, our feelings must be refuted with evidence that is outside the sources of our fixation. And that implies a very strong and sincere mental and emotional process that guarantees uncomfortable results, but necessary to find answers.

In Christian churches, the testimonies of those who are “born again” in the Gospel and who from “impious” become “chosen” are constantly heard. Well, the other direction is also possible, and there are those of us who stopped wanting to be ‘chosen’ to be able to forge our paths outside the dogma, the canon, and, it is worth saying, with our own responsibility. The trinity for me stopped being a matter to explain as reality because I understood that it is a human fiction. God, conceived from a Judeo-Christian tradition, is also a fiction. This type of fiction needs to be understood as a reality created by humans to explain truths that cannot yet be verified, and that perhaps never will be. Fiction is a reality, but it still has to be assumed as such. It is what Zizek calls a “truthful fiction”.

It wasn’t easy, it took years of observation and resilience. This journey led me to consider my identity in the matter as a “born again” atheist. And I’m telling this not because I want to convince anyone to question their own fixations, or that my path is the right one to follow, at all. I’ve been on that side before, and it never seemed efficient to tell someone what to do. Everyone changes whatever he or she considers should change, only the example of others can serve as inspiration. That example is the one I want to give because along the way I have met people who were believers like me, totally involved in the church, and when they questioned their beliefs, they simply silenced their doubts for fear of being criticised or rejected by their own families. And this happens in the context of any religion, and even in atheism. I hope that if someone is in that position, they can find some support in these words.

I want to make it very clear that I am very grateful to my parents, my extended family, and the people who I met during those precious years of childhood and adolescence. I wouldn’t change anything at all. I’m grateful to those who, even in difference, continue to grow in friendship and love. And it is in that same love that we show ourselves as we are.

Serie: Historias de un yo

Han pasado dos semanas ya desde la última vez que publiqué algo aquí. Si bien el acto de escribir es liberador, también puede ser catapultante. Hay tanto que quiero decir y sin embargo hay tantos filtros mentales que dilatan el coraje de hacerlo. Por qué? Porque escribir desde lo personal es coquetear con la vulnerabilidad y, a la misma vez, con la idea de sentirse en el derecho de. Y es precisamente ahí, donde las palabras, las perras negras como las llamó Cortázar, tienen la capacidad de morder sin piedad alguna.

Durante este breve silencio, terminé mi tesis doctoral. Aunque todavía falta la etapa de revisión y evaluación por parte de mis supervisores, siento que un gran rompecabezas ha tomado forma, por lo menos, temporalmente. Y ese sentimiento es bastante acogedor. Y aquí, en una visita de fin de semana, con esta vista de Berlin (foto), sé que empieza otro rompecabezas.

Al igual que con todos, el rompecabezas mayor no se da por terminado sino hasta el momento de morir. Lo más bello de todo es que no hay portada de caja a seguir, sino que es al final donde el cuadro final mostrará algo que otros verán, menos uno mismo. Y es de algunos de mis rompecabezas de los que quiero hablar en mis siguientes publicaciones. Lo hago siguiendo parte de mi filosofía de vida que cree que ser un libro abierto permite crear mayores conexiones identificando que tenemos mucho más en común de lo que imaginamos, independientemente de dónde venimos. Agradezco su confianza y lectura. Que tengan una buena semana.

ENGLISH VERSION:

It’s been two weeks since I last posted something here. While the act of writing is liberating, it can also be catapulting. There is so much I want to say and yet there are so many mental filters that delay the courage to do so. Why? Because writing from the personal is flirting with vulnerability and, at the same time, with the idea of feeling entitled to. And it is precisely there, where words, the “black bitches” as Cortázar called them, have the ability to bite others and the writers themselves, without any mercy.

During this brief silence, I finished my doctoral thesis. Although the review and evaluation stage by my supervisors is still missing, I feel like a big puzzle has taken shape, at least temporarily. And that feeling is quite cozy. And here, on a weekend visit, with this view of Berlin (photo), I know that another puzzle begins.

As with all, the bigger puzzle is not finished until the moment of death. The most beautiful thing of all is that there is no box cover to follow, but it is at the end where the final painting will show something that others will see, except yourself. And it’s about some of my puzzles that I want to talk about in my next posts. I do it following part of my motto of life that believes that being an open book allows us to create greater connections by identifying that we have much more in common than we imagine, regardless of where we come from. I appreciate your trust and reading. Have a good week.

De músicos y cangrejos / Of musicians and crabs

Un discurso (singular) es un sustantivo abstracto que describe actos y procesos semióticos, mientras que discursos (plural) es un sustantivo concreto que se refiere a formas específicas de representar el mundo. Estos discursos representan una especie de conocimiento o “guión” sobre lo que sucede en una práctica social particular, ideas sobre por qué es así, quiénes están involucrados y qué tipo de valores tienen.

Con la curiosidad de encontrar posibles discursos que se manejan dentro de la comunidad de  músicos intérpretes en el Ecuador, revisé las publicaciones en redes sociales que artistas, considerados líderes de la escena musical en el Ecuador, realizaron en los últimos seis meses. Estas son publicaciones hechas desde sus cuentas personales y como mensajes personales, no son de alguien más que escribe por o para ellos. Los resultados son curiosos, a veces contradictorios, a veces no son de sorprender; sin embargo, hay un elemento del discurso que me llama la atención y que considero vale la pena mencionarlo con la esperanza de abrir un diálogo al respecto. 

La gran mayoría de ellas y ellos, hacen evidente el hecho de que se encuentran rodeados por personas envidiosas, o mal intencionadas de alguna manera. Sus palabras no llevan una realización existencial sino un clamor contra una constante amenaza a su éxito o carrera musical.  Este sentir es a veces confrontativo, otras veces es a manera de oración para ser protegidos. Este elemento, que se presenta de manera palpable, consciente o inconscientemente, como hilo conductor de su narrativa, es un clamor en contra de la envidia que provoca su actividad musical.

Y me nacen preguntas: ¿es aquella una vulnerabilidad genuina o es un reflejo de lo que otros músicos han dicho? ¿Será que tal vulnerabilidad es una estrategia que busca empatía de su audiencia o una estrategia para exagerar la atención que el o la artista siente que debe tener? ¿Es tal temor válido de enfatizar como discurso oficial o mejor asumirlo como una realidad inherente?

Cuando pienso en esto, se me viene la historia de la mentalidad del cangrejo que es muy famosa en el medio ecuatoriano. La historia es una analogía que se refiere al comportamiento que tienen los cangrejos en una cubeta, individualmente pueden escapar con facilidad, pero en su lugar, se sabotean agarrándose entre ellos en una competencia inútil para que ninguno pueda escapar, y así, todos mueren. Siento que, aunque se aplica a toda la sociedad, los discursos de los músicos en el Ecuador presentan un temor constante que asume que otros músicos intentarán negar o disminuir el éxito del otro, tal como los cangrejos. Esta manera de pensar influye en la manera de actuar. Y el colectivo en lugar de ser un colectivo, resulta en número grande de individuos atomizados, y la música en lugar de ser propositiva, termina siendo defensiva, lo cual le quita un gran potencial a la labor artística del país. ¿Es en serio que nos comportamos como cangrejos en la cubeta? ¿Cómo cambiamos eso? 

ENGLISH VERSION

A discourse (singular) is an abstract noun that describes semiotic acts and processes, while discourses (plural) is a concrete noun that refers to specific ways of representing the world. These discourses represent a kind of knowledge or “script” about what happens in a particular social practice, ideas about why this is so, who is involved and what kind of values ​​they have.

With the curiosity to find possible discourses projected from the community of music performers in Ecuador, I reviewed the social media posts that artists, considered leaders of the music scene in Ecuador, made in the last six months. These are posts made from their personal accounts and as personal messages, they are not from someone else writing for them. The results are curious, sometimes contradictory, sometimes they are not surprising; however, there is an element of the speech that strikes me and that I think is worth mentioning in the hope of opening a dialogue about it.

The vast majority of them make evident the fact that they are surrounded by envious, or ill-intentioned people in some way. Their words do not carry an existential realisation but a cry against a constant threat to their success or musical career. This feeling is sometimes confrontational, other times it is in the manner of a prayer to be protected. This element, which is presented in a palpable way, consciously or unconsciously, as the guiding thread of his narrative, is a cry against the envy that their music provokes.

And questions arise: is that a genuine vulnerability or is it a reflection of what other musicians have said? Could it be that such vulnerability is a strategy that seeks empathy from the audience or a strategy to exaggerate the attention that the artist feels they should have? Is such a fear valid to be emphasised as official discourse or is it better to assume it as an inherent reality?

When I think more about it, I think about that infamous story of the mentality of the crab. The story is an analogy that refers to the behaviour that crabs have in a bucket, individually they can easily escape, but instead, they sabotage each other by clinging to each other in useless competition so that none can escape, and thus, they all die. I feel that, although it applies to the whole of society, the discourses of musicians in Ecuador present a constant fear that assumes that other musicians will try to deny or diminish the success of the other, just like crabs. This way of thinking influences the way we act. And the collective, instead of being a collective, results in a large number of atomised individuals, and the music, instead of being purposeful, ends up being defensive; which takes away a great potential to the artistic work of the country. Is it true that we behave like crabs? How do we change that?