Hablemos de niños… otra vez / Let’s talk about children… again

(English version – below)

Hace un poco más de tres años, publiqué la versión en español de un artículo que un buen amigo mío había escrito como una reflexión, cínica pero muy bien argumentada, con respecto al procrear. La hipótesis principal era que “…tener un bebé es el acto más egoísta que se puede realizar en este planeta”. Yo estaba de acuerdo pero creo que me equivoqué. Permítanme explicarme por favor.

Me equivoqué no porque intrínsecamente sea una afirmación de corte subjetivo. Es ‘más egoísta’ con respecto a qué? Obviamente la comparación es intencional, y por eso está en un blog y no en una revista científica. 

Me equivoqué no porque los datos que se presentan con respecto al impacto ecológico sean incorrectos. Al contrario, son irrefutables. Los seres humanos somos los mayores contaminantes y destructores del planeta, y un bebé dejará una huella que solo ayudará a incrementar el problema, el gran problema de una superpoblación incontrolable al que ni siquiera una pandemia como la que estamos viviendo puede afectar. 

Me equivoqué no porque los argumentos que se presentan con respecto a la presión social de tenerlos o adoptarlos sean una exageración. El bullying sistemático y social hacia quienes no tienen hijos es innegable. Por ejemplo, en el país donde ahora mismo vivo, Alemania, las parejas casadas sin hijos tenemos menos beneficios y más carga de impuestos que las parejas que tienen hijos. Tristemente el discurso oficial y silenciosamente omnipresente sigue siendo que sin hijos no se puede ser una persona completa. 

Así que todo lo mencionado sigue siendo muy relevante y preciso de reflexionar. Sin embargo, me equivoqué al pensar que es egoísta tenerlos porque simplemente un/a niño/a son una fuente muy poderosa de gozo, alegría, ternura, sencillez, perdón, paz, aprendizaje (y la lista sigue), y los beneficios que esto conlleva van más allá de solo afectar a sus padres. Son un efecto colateral para el bienestar emocional y psicológico de nuestra sociedad.

Perdón que me ponga sensible, y es que se me humedecen los ojos al escribir estas letras mientras miro las obras de arte pegadas en mi pared (foto) y pienso en las pintoras. Son siete artistas en total, de entre 2 a 10 años, de dos familias diferentes, que en los últimos meses me han regalado tanta paz en medio de la tormenta, infinitas sonrisas en medio de las lágrimas, profunda sencillez en medio de mi orgullo, imprescindible perdón en medio del dolor, y suficientes razones en medio del sin sentido. Agradezco a sus padres por tenerlas, porque es por su ‘egoísmo’ que me siento el hombre más afortunado del planeta cuando cantan canciones conmigo, se ríen de mis locuras, bailan con sus pies en los míos, y gritan mi nombre mientras corren hacia mí con los brazos abiertos cuando me ven llegar!

No queda de más decir, nuestro planeta tiene que ser cuidado, quienes no tenemos niños no debemos ser juzgados, ni menospreciados, es una elección tan válida como tenerlos; y finalmente, más allá de cualquier impacto ecológico, prejuicio social, o complicación familiar, los niños fueron, son, y serán una fuente inagotable de felicidad. Qué vivan los niños!

ENGLISH VERSION

A little over three years ago, I published the Spanish version of an article that a good friend of mine had written as a reflection, cynical but very well argued, regarding childbearing. The main hypothesis was that “… having a baby is the most selfish act that can be done on this planet.” I agreed but I think I was wrong. Please let me explain.

I was wrong not because it is intrinsically a subjective statement. It is ‘more selfish’ than what? Obviously the comparison is intentional, but that is why it is on a blog, and not in a scientific journal.

I was wrong not because the data presented regarding the ecological impact are incorrect. On the contrary, they are irrefutable. Human beings are the biggest polluters and destroyers on the planet, and a baby will leave a mark that will only help to increase the problem, the great problem of uncontrollable overpopulation that not even a pandemic like the one we are experiencing can affect.

I was wrong not because the arguments that are presented regarding social pressure to have or adopt them are an exaggeration. The systematic and social bullying towards those who do not have children is undeniable. For example, in the country where I live right now, Germany, married couples without children have fewer benefits and more tax burden than couples with children. Sadly the official and silently ubiquitous discourse remains that without children you cannot be a whole person.

So everything mentioned is still very relevant and accurate to reflect on. However, I was wrong to think that it is selfish having them simply because a child is a very powerful source of joy, happiness, tenderness, simplicity, forgiveness, peace, learning (and the list goes on), and the benefits of what this represents go beyond their parents. They are a collateral effect for the emotional and psychological well-being of our society.

Sorry to get sensitive, but my eyes well up when I write these words while I look at the works of art pasted on my wall (photo) and think about the painters. They are seven artists in total, between 2 and 10 years old, from two different families, who in recent months have given me so much peace in the midst of the storm, infinite smiles in the midst of tears, profound simplicity in the midst of my pride, essential forgiveness in the midst of pain, and enough reasons in the midst of nonsense. I thank their parents for having them, because it is because of their ‘selfishness’ that I feel like the luckiest man on the planet when they sing songs with me, laugh at my jokes, dance with their feet on mine, and shout my name running towards me with open arms when they see me arrive!

It goes without saying, our planet has to be cared for, those of us who do not have children should not be judged or belittled, it is a choice as valid as having them, and finally, beyond any ecological impact, social prejudice, or family complication, children were, are, and will be an inexhaustible source of happiness. Qué vivan los niños!